La medicina de las nuevas generaciones
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Resumen
Desde la época en la que Hipócrates, el padre de la medicina, escribió su juramento que ha sobrevivido los milenios, muchos amaneceres han atravesado el calendario como raudo y ligero suspiro. En los días donde Galeno describía que las manos, ojos y oídos eran las principales herramientas para hacer el diagnóstico de enfermedades, se escribieron plétoras de libros con fértil información médica dirigida al mejoramiento de la salud de la humanidad. Un tour a los hospitales de antaño nos enseñaría la riqueza de lo que podemos descubrir con una prolífica anamnesis. El esfuerzo de quienes nos precedieron en la ciencia para hacer relucir los síntomas y la observación minuciosa de los signos, llevó a nuestros antecesores a tejer la sólida estructura de la medicina moderna. Sin computadoras ni tomógrafos, ellos llegaban a diagnosticar las entidades patológicas que rigen hoy nuestro diario deambular como peregrinos y magnates de los caminos hospitalarios.
La vida médica actual sería impensable sin la participación salvadora de las imágenes y el laboratorio. El descubrimiento del microscopio, los exámenes bioquímicos, las computadoras y los rayos X, con sus diferentes aplicaciones, abrieron las puertas a un infinito que no deja de asombrar. Desde el enigmático virus que diezma la población durante una pandemia hasta las imágenes 3D de un scanner que ayuda a encontrar un cáncer oculto, las ilustraciones gráficas de nuestra anatomía en tiempo real y las mediciones de valores en los líquidos corporales, guían nuestras decisiones para un diagnóstico acertado, una prescripción correcta o una cirugía precisa y detallista.
“No deje que la piel se interponga entre usted y el diagnóstico de esa apendicitis...” me dijo un clínico ante un caso de dolor abdominal sugestivo con imágenes dudosas, donde la semiología superaba la certeza potencial de un tomógrafo de última generación. La estructura tradicional de síntomas y signos debe afianzar la sospecha clínica y adelantarse a los resultados de las pruebas confirmatorias. Se debe incentivar a las nuevas generaciones a mantener esta cultura de primero examinar al paciente. Aún recuerdo el diagnóstico de una masa, en mi primer tacto rectal como estudiante, hecha a un paciente que había consultado el servicio de medicina por una afección cardíaca. El hallazgo incidental de un principiante de médico probablemente le salvó la vida a ese paciente en esa ocasión. No hay duda de que las ayudas diagnósticas actuales tienen un alcance realmente incalculable. La adición de los resultados de estudios genéticos iniciados por una investigación de la historia médica familiar abre las puertas a un universo de prevención, donde el horizonte vislumbra la extirpación de un órgano antes de que desarrolle el cáncer, algo completamente inconcebible hace sólo unas décadas atrás. Los portentos de la genética moderna permitirán el acceso a la predicción con fundamentos. Esta nueva bola de cristal dará oportunidad futura al establecimiento de “clínicas de alto riesgo” donde individuos llenos de vida y juventud enfrentarán la sentencia ya escrita por la pluma de sus ancestros. El futuro se construye a partir del uso de las bases de la medicina tradicional: cultivarla y practicarla es el reflejo del arte de los que nos precedieron en el tiempo. La magia y la ciencia de curar deben equilibrar las magnas virtudes humanas de un apóstol de la salud: el tesoro del examen físico debe relucir e iluminar el camino de las generaciones de médicos por los siglos de los siglos…
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