Shihan

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Juan Carlos Aveiga Parra

Resumen

En el arte marcial japonés, el título de maestro o sensei representaba el nivel jerárquico marcial más alto, que comprometía a la persona a tener un discípulo o alumno que se formaba a imagen y semejanza de su maestro, creando sin duda una dependencia ligada a los valores morales del maestro; un buen maestro formaba un buen alumno pero un mal maestro formaba un mal alumno.
Es así que se puede apreciar en las películas marciales antiguas ese equilibrio entre el bien y el mal, donde había la disputa entre maestros de traje blanco que daban una buena enseñanza, y maestros de traje negro que enseñaban a matar y a castigar a cualquiera. Esto lo volvimos a ver en el cine moderno en películas como Karate Kid, donde el Sr. Miyagui trataba de enseñar el arte a Daniel San. Al final siempre ganaban los buenos.
Esta figura ha cambiado en las artes marciales occidentales, ese patrón jerárquico tradicional ha sido desvalorizado por diversos motivos, que van desde la misma cultura hasta personas que se hacen llamar así, sin tener los méritos respectivos.
Pero existen términos que no se han popularizado aún, y que mantienen esa dignidad.
Uno de estos términos es el Shihan que se forman del prefijo Shi. (.) que significa profesor o experto, y el sufijo Han . (.) que significa ejemplo o modelo.
Llega a ser tan representativo un shihan que aún después de que ya no está con nosotros,seguimos escuchando sus consejos y recordando sus enseñanzas, en el cine hasta aparecen en diversas formas que van desde sueños hasta figuras densas que se muestran flotando en el aire.
Lo escuchas recomendarte qué es mejor, y qué es peor; en el ámbito quirúrgico, dónde se debe usar tijera y dónde el bisturí; a quién debes poner malla y a quién no; lo escuchas dando hipótesis de patogenias de patologías que solo a alguien que le ha pasado mucho, se le podrían ocurrir.
De él sigues aprendiendo, porque de repente aparece alguien y te dice una vez vi al maestro hacer esto, y realiza una maniobra nueva, útil, que te ayuda a operar, es como si estuviera presente.
Le sigues copiando comportamientos cuando exiges de tus afines el máximo respeto por la especialidad y de los demás el cumplimiento estricto de tus mismos
principios en el área de trabajo y fuera de ella.
Y cada vez y cuando conoces y reconoces más discípulos que durante su vida de maestro fue sembrando y cosechando, y donde dejó ese sentimiento común de agradecimiento eterno, por todo lo que te pudo dar en vida.
El Shihan emprendió su viaje, nos ha dejado un vacío terrenal tremendo, pero perdurán sus enseñanzas, perdurará su ejemplo y perdurará su alma.
Dedicado al Shihan Ignacio Hanna Musse

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Editorial